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Arquetas: Tipos y Función en el Saneamiento

Todos los tipos de arquetas de saneamiento, sus funciones y cómo detectar filtraciones

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Pociten
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Arquetas: Tipos y Función en el Saneamiento
Conocer el tipo de arqueta que tienes es el primer paso para mantenerla bien y evitar atascos, malos olores y filtraciones en tu saneamiento.

Los tipos de arquetas de saneamiento se clasifican por su función (de paso, sifónica, a pie de bajante, sumidero y de registro) y por su construcción (de ladrillo, de hormigón o prefabricadas de PVC). Una vivienda unifamiliar suele tener varias: una a pie de cada bajante, alguna de paso en los cambios de dirección y una sifónica al final, antes de conectar con la red municipal. Saber cuál es cuál te ahorra tiempo y dinero cuando aparece un atasco o un mal olor.

¿Para qué sirve una arqueta?

Una arqueta es una cámara registrable integrada en la red de saneamiento. Da acceso a las tuberías enterradas o empotradas para inspeccionarlas, limpiarlas y desatascarlas sin romper el suelo. También cumple funciones hidráulicas: permite cambiar la dirección de las tuberías, unir varios ramales y, en el caso de la sifónica, bloquear los olores de la red.

Tipos de arquetas según su función

Arqueta de paso

La más sencilla. Se coloca en los tramos largos de tubería y en los cambios de dirección o de pendiente, como punto de acceso para limpieza e inspección. Si alguna vez hay que pasar una cámara o una manguera de presión por el colector, se hace desde aquí.

Arqueta sifónica

Una arqueta sifónica es una arqueta que incorpora un cierre hidráulico en su interior: una pared o codo que obliga al agua a pasar por debajo, de modo que siempre queda agua retenida haciendo de tapón contra los gases del alcantarillado. Es el mismo principio que el sifón del lavabo, pero a escala de toda la vivienda. Suele instalarse como última arqueta antes de la acometida a la red municipal, justamente para que el olor de la red pública no entre en la instalación privada.

Arqueta a pie de bajante

Se sitúa en la base de cada bajante vertical del edificio y hace de transición entre la caída vertical y el colector horizontal enterrado. Recibe el agua con velocidad, así que sufre más que las demás y conviene revisarla si hay atascos recurrentes en esa zona.

Arqueta sumidero

Lleva una rejilla en la parte superior y recoge el agua de lluvia o de baldeo de patios, garajes y zonas pavimentadas. Acumula hojas y arena, por lo que se atasca con facilidad si no se limpia un par de veces al año.

Arqueta de registro

Es el punto de inspección general de la instalación, normalmente en la acometida o en el límite de la propiedad. En muchos municipios es la frontera de responsabilidades: de la arqueta de registro hacia dentro, el mantenimiento es del propietario; hacia fuera, de la red pública.

Tipos de arquetas según su construcción: ladrillo o prefabricada

Arqueta de ladrillo

El tipo más tradicional, habitual en viviendas construidas antes de los años 90. Se levanta con ladrillos macizos o perforados sobre una solera de hormigón y se enfosca con mortero hidráulico para impermeabilizarla. Bien hecha, dura décadas. El problema es la edad: con los años aparecen fisuras, juntas abiertas y raíces que se cuelan por cualquier grieta. Si la tuya tiene más de 30 años y nunca se ha revisado, una inspección merece la pena.

Arqueta prefabricada de PVC o polipropileno

La solución estándar en construcción actual. Llega de fábrica como pieza estanca, se instala en horas y no tiene juntas de mortero que puedan fallar. Hay modelos de distintos diámetros y profundidades, con entradas y salidas regulables. Su punto débil es que tolera peor las cargas pesadas si no se protege con una losa.

Arqueta de hormigón prefabricada

A medio camino: módulos de hormigón que se apilan hasta la profundidad necesaria. Se usa sobre todo en redes de mayor tamaño, aparcamientos y zonas con tráfico de vehículos, donde el PVC se quedaría corto.

¿Cuál elegir? En obra nueva o sustitución, casi siempre la prefabricada de PVC: es estanca, rápida de instalar y más barata. La de ladrillo solo tiene sentido hoy cuando hay que adaptarse a una geometría rara o empalmar con una instalación antigua de obra.

Arquetas dentro de casa: por qué huelen

La arqueta dentro de la vivienda genera muchas consultas. Suele estar bajo el solado de la cocina, el baño o el pasillo, tapada con una losa registrable o directamente embaldosada encima, y conecta los desagües interiores con la red exterior. En Pociten vemos muchas en pisos bajos y en chalets antiguos.

Cuando huele, las causas casi siempre son tres: la tapa no cierra estanca y deja escapar los gases, la arqueta es de paso (sin sifón) y los olores de la red llegan hasta ella, o tiene grietas interiores por donde se filtran aguas y vapores. El acceso complicado encarece cualquier reparación, así que el mantenimiento preventivo aquí importa más que en ninguna otra. Si la obstrucción está en la propia tubería, un desatasco con agua a presión suele resolverlo sin levantar el solado.

Cómo sellar una arqueta para evitar olores

Antes de sellar, comprueba que la arqueta no está atascada ni agrietada: sellar encima de un problema solo lo esconde, y volverá. Hecho eso, el proceso es este:

  1. Levanta la tapa y limpia a fondo el borde de apoyo, quitando restos de mortero viejo y suciedad.
  2. Revisa el interior. Si las paredes tienen grietas, repáralas con mortero hidráulico antes de cerrar.
  3. Coloca una junta de goma perimetral o un cordón de silicona neutra en el borde de apoyo de la tapa. La silicona ácida (la que huele a vinagre) aguanta peor la humedad constante.
  4. Si la arqueta se registra a menudo, lo ideal es sustituir la tapa por una tapa estanca atornillada con junta, que se vende en medidas estándar y cuesta entre 30 y 80 € (orientativo de 2026).
  5. No la selles nunca con mortero de forma definitiva: una arqueta tiene que seguir siendo registrable, o el próximo atasco obligará a romper el suelo.

Si el olor persiste con la tapa bien sellada, el problema está en otro punto de la red y conviene una inspección con cámara.

Arquetas de aguas fecales

Las arquetas de fecales son las que reciben las aguas del inodoro y de los desagües de cocina y baño, a diferencia de las de pluviales, que solo recogen agua de lluvia. En redes separativas van por circuitos independientes; en las unitarias, frecuentes en cascos antiguos, todo acaba en la misma arqueta.

Exigen más cuidado que las demás. Acumulan sólidos y grasas, generan gases (el sulfhídrico, el del olor a huevo podrido, es peligroso en espacios cerrados) y por eso no conviene meter la cabeza en una arqueta de fecales profunda sin ventilarla antes. Una limpieza periódica, anual en viviendas con uso normal, evita la mayoría de atascos. Y la última arqueta de fecales antes de la red municipal debería ser sifónica: es la barrera que separa el olor del alcantarillado público de tu instalación.

Arqueta oculta

La arqueta oculta es la que ha quedado enterrada bajo pavimento, cubierta por tierra en el jardín o tapada durante una reforma. Localizarla es el primer paso cuando hay atascos o malos olores sin origen aparente. Existen técnicas profesionales (georradar, inspección con cámara CCTV) para encontrarla sin levantar todo el suelo.

Filtraciones por arquetas: causas y soluciones

Las filtraciones son uno de los problemas más frecuentes en instalaciones antiguas. Las causas habituales:

  • Juntas deterioradas entre la arqueta y las tuberías de entrada y salida.
  • Raíces de árboles que rompen las paredes, sobre todo en arquetas de ladrillo.
  • Asentamiento del terreno, que genera tensiones en la estructura.
  • Falta de impermeabilización adecuada desde el origen.

Una arqueta que filtra puede provocar humedades en sótanos, jardines encharcados y contaminación del terreno. Si detectas alguna señal, la reparación mediante obras de pocería y saneamiento debe abordarse cuanto antes: el agua que se escapa va socavando el terreno y el arreglo se encarece con cada mes que pasa.

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